Acomodando algunas cosas en casa, me encuentro con esta reliquia: un disco de vinilo.
Aunque me preceden en edad, me hizo dar cuenta de cómo se ha perdido el ritual de comprar un disco.
Ya no existe apreciar la tapa de un disco, leer sus letras, apreciar el arte interior, y sobre todo, tocarlo.
Es el precio que la tecnología nos hace pagar.

